Don Vasco de Quiroga

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Símbolo de Michoacán

La conquista es uno de los acontecimientos mas controvertidos de nuestra nación, la fusión de razas y tradiciones ha formado una interesante cultura intrínseca de fe cristiana la cual fue promovida a partir de este encuentro.

En Julio de 1522, el capitán español Cristóbal de Olid, acompañado de 200 soldados, hizo la primera incursión a Michoacán, su finalidad era formar aquí una nueva colonia; a partir de ese momento estas tierras mexicanas se iban a convertir en la atmósfera optada para evangelizar a cientos de purépechas y así cambiar el sentido de la historia.

Los misioneros franciscanos fueron los encargados de cristianizar a cada nativo, como Don Vasco de Quiroga, quien previamente fue visitador y pacificador, después con su popularidad y desempeño logró convertirse en el primer Obispo de “Mixhoacán”, un legendario personaje que representa una época.

Este hombre nació en el año de 1470, en Madrigal de las Altas Torres (Ávila), al llegar a América, rápidamente se ganó el afecto de los indios gracias a sus mediadas económicas y por considerar y defender la dignidad humana de estos, como resultado lo nombraron “Tata Vasco”, reconocimiento que lo caracterizó hasta su muerte.

Este líder identifica que lo fundamental para educar al indígena es instruirlo sin quitarles lo propio; proponiendo una educación que parte de la necesidad de ordenar a la comunidad para que tenga mas capacidad de defensa y se apoye mutuamente.

Don Vasco fue el encargado de trasladar la Catedral de Tzintzuntzan a Pátzcuaro, así como tener la iniciativa de fundar el pueblo-hospital de Santa Fe de la Laguna; que con el tiempo se convirtió en uno de los poblados indígenas mas admirados; esta institución educaba al Purépecha dentro de una convivencia humana y cristiana. Frente a este lugar, Quiroga se ubicaba en un pequeño oratorio, con la finalidad de estar más cerca de los indios y aprender la lengua nativa. Santa Fe llegó a contar con 30,000 habitantes que se bautizaron, construían cristianamente sus matrimonio, practicaban oraciones y penitencias, obras de caridad y cultos litúrgicos.

En conclusión podemos reconocer que su trabajo ha sido la inspiración de distintas asociaciones religiosas así como educativas, por ello Morelia le rinde tributo llamando con su nombre a una de las calles céntricas de la ciudad y en el Jardín de las Rosas se realza una escultura del “Tata Vasco” para que siempre lo tengamos presente.

¡Te invitamos a que lo conozcas!

Ariadna P. Páez