Exposición La Fórmula Mínima en el centro Cultural Clavijero Morelia de Diciembre de 2018 a Marzo de 2019.

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Exposición La Fórmula Mínima en el centro Cultural Clavijero Morelia de Diciembre de 2018 a Marzo de 2019.

  • FECHAS: De Diciembre de 2018 a Marzo de 2019.

  • LUGAR: Sala 8 del Centro Cultural Clavijero.

  • DIRECCIÓN:  El Nigromante #79, Centro Histórico, Morelia, Mich.

  • ENTRADA LIBRE.

Manuel Velázquez         

La Fórmula Mínima

El encuentro de el CCC y del artista Manuel Velázquez es un momento de reflexión acerca de las artes visuales en México, lo que implica, en el mundo.  El Centro Cultural Clavijero, un edificio erigido a mitad del siglo XVIII, pleno de historia, recibe a este artista nacido en Chiapas, un Estado espléndido y misterioso.  Llegado el momento de sus estudios terciarios, Manuel Velazquez asistióa la Universidad de Veracruz en Xalapa, donde estableció residencia.  En este encuentro de tres estados se perfila México, este país de infinidad de polos opuestos que conviven apasionadamente.  Cada polo se multiplica como las células del organismo que es el país.

Un brevísimo recorrido por el hacer plástico del artista ubica sus inicios figurativos, pictóricos, barrocos, con predominio de colores y tonos bajos, alimentados por la tradición catolica que late en el país, asímismo, en obras de gran formato y con ocasionales elementos externos al cuadro que anticipaban sus relaciones con la escultura. En unos años, las figuras fueron dejando lugar a formas aisladas, mayormente centralizadas en las grandes pinturas, aludiendo a señales figurativas más que a temas y creando en el espectador un diálogo perceptivo de concentración e interrogantes.  Casi al mismo tiempo surgieron en la obra del artista formas orgánicas individuales, en técnicas mixtas de dos por dos metros y en proporciones de veinte por veinte por tres, nueve o siete centímetros.  La dicotomía entre pintura y objeto escultórico referido a la semilla, a la forma célula, comprensible como algo que se estudia en un laboratorio, como coincidencias con frutos encontrados al azar, abrió diversas series en la obra de Manuel Velázquez como La Forma Mínima, La Pintura es cosa mental, Ensoñaciones de la Tierra, Rosados y Memorial, mismas que integran la presente exposición.

Paulatinamente, las grandes dimensiones en pintura fueron cediendo paso a las obras de tamaños aún mayores en tridimensionales estructuras contenedoras de espacio.  Unas cerradas, otras semicerradas, otras totalmente abiertas, estan obras volvieron a referencias telúricas, a contenedores, a labores, a formas cuasi abandonadas por el reemplazo de maquinarias y a la alusión de una sociedad cada vez más hueca y ambiciosa.  En pintura, el artista desarrolló una de sus más cálidas series –Urdimbre-, en la cual no hay narrativa figurativa sino geométrica, textil, precolombina y por qué no…, de campos arados.  En ella, las dimensiones mayores se explayan en una gamas tonales semibajas que enlazan con lo telúrico y primitivo, lo que subyace en toda su obra y establece lo profundo en el tema de la identidad sin hacerlo obvio.

El volúmen instaurado en la creación pictórica del artista y en objetos con genealogía semejante, viene habitando la presencia de sus instalaciones por México, Japón, África, Estados Unidos y Canadá, entre otros sitios.  Simultáneamente, Manuel Velázquez ha realizado posgrados y es profesor de Pintura en la Universidad Veracruzana donde el estudió.  Escribe constantemente textos críticos y de reflexión, organiza actividades educativas independientes y a nivel institucional, ha cumplido con importantes ciclos: fundador y dos veces director de El Jardín de las Esculturas, un espacio estatal multidisciplinario.  Posteriormente, fue Subdirector de Planeación, Seguimiento y Evaluación en el Instituto Veracruzano de la Cultura.  Actualmente dirige una galería en la que sostiene oportunidades de conocimiento para público y artistas, en un afán de conscientizar que el artista visual también debe vivir de su trabajo.

Las dimensiones extremosamente opuestas son parte de sus realizaciones.  Esto explica que para el Centro Cultural Clavijero, Manuel ha aceptado retos de la transmodernidad, entre ellos, una selección curatorial de esculturas de facil transporte, que refieran situaciones actuales de la escultura en un país en que esta disciplina ha sido y es sumamente importante, la presentación de aspectos diversos de sus creaciones incluyendo al menos una escultura de gran formato articulada para el viaje, el énfasis en las relaciones de color, valoración de luz y sombra, módulos, la relación entre lo uno y lo múltiple, la reiteración de la percepción visual, la reflexión entre la primera mirada y la atención sostenida, así como el uso experimental del espacio y de volúmenes diversos.

A lo largo de décadas, al Arte Mexicano se lo ha caracterizado como muralista, figurativo, colorido, barroco y de muchas otras maneras, algunas que se contradicen entre si.  Es admisible y evidente que dentro de México sobreviven y se retroalimentan las contradicciones.  En el hacer de este autor hay pacíficos desafíos.  No hay agresiones sino señales y reflexiones siempre en un modo sutil de retar la visualidad.  Manuel Velázquez no deja de ser barroco aun cuando actualmente transita por

las consignas formales del Minimalismo, a las que enfrenta con imágenes laborales-intelectuales de

su entorno originario.  En la exposición La Fórmula Mínima se percibe que altera las premisas de los materiales no con el afán de experimentación y en esto se centra en especial en los materiales naturales: madera, graffito, barro y en cierta medida cera; mismos que acompaña con medios acrílicos.  El artista satura el grafito con graffito.  Utiliza la madera como soporte pictórico, dibujístico, escultórico -de esculturas que reciben un masaje de barro, de grafito, de cera y de otras materias.

Manuel Velázquez ofrece al espectador la palabra estructura en casi toda su obra.  La ofrece para alentar a pensar en qué se sostiene nuestro pensamiento, qué sostiene al arte, qué sostiene nuestras decisiones sociales y qué sostiene nuestra capacidad de cambiar.

Graciela Kartofel