La leyenda de la ventana del muerto

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Por: Fernando Chávez Durán
En el Convento del Carmen había un joven novicio de noble familia, que tomó el nombre de Fray Jacinto de San Ángel, era de carácter alegre y usualmente ponía apodo a todos; no faltó a quien le pegara un papel en la espalda con un diablillo dibujado. Hasta en la cocina se metía y echaba en las ollas las cuentas de los rosarios cuando hacían garbanzos!

Para cambiar su energía el maestro de los novicios le aplicaba castigos, amonestaciones, encierros en la celda y hasta lo amenazaron con correrlo del convento, pero todo era en vano. Aun así era un modelo de vocación religiosa.

Un novicio serio y disciplinado, Fray Elías de Santa Teresa, cayó enfermo y el médico dijo que Dios lo llamaba, por lo que decidieron darle los Santos Óleos. Toda la comunidad se reunió en la iglesia a orar mientras que los chamacos que eran educados en el convento esparcían pétalos de flores en el suelo.

Entró en agonía y murió, sollozos y plegarias siguieron a su muerte; pusieron el cadáver en el ataúd y lo llevaron rezando a la sala “De Profundis” (área donde ponen a sus muertos para su velorio).

Al terminar el oficio, no dejaron solo al cadáver ya que lo acompañaron dos novicios para guardia: Fray Jacinto de San Ángel y Fray Juan de la Cruz. Se les dio chance para tomar chocolate para la desvelada y Navidad. Fray Juan era miedoso y prefirió ir a la cocina por el chocolate que quedarse con el difunto. El loco de Fray Jacinto decidió hacerle una broma a Fray Juan y sacó al muerto del féretro y lo sentó en la silla donde estaba él. Una vez acomodado el muerto se acostó en el ataúd fingiendo que él era el muerto.

Cuando Fray Juan regresa con el chocolate y se lo ofrece a su compañero se da cuenta que se lo estaba dando al muerto, por lo que sale corriendo y gritando de la habitación por lo que Fray Jacinto sale del ataúd para alcanzar a Fray Juan para callarlo y que nadie se enterara de la travesura y le grita; ¡Fray Juan! para que se detuviera,  en eso….¡El muerto se levantó! Agarró un candelero con cirio encendido y corrió tras de los dos frailes. Cuando los dos frailes se dieron cuenta que eran perseguidos por el difunto se aventaron por una ventana, sin embargo el muerto alcanzó a Fray Jacinto apagándole el cirio en el cuello.

Al otro día vieron sobre la ventana al muerto con un candelero en la mano y a Fray Jacinto con la quemada en la garganta.[1]

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[1] TOMADO DE : mitoleyenda.com