Plaza de Armas

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Belleza histórica

Nuestro pasado nos ayuda a entender nuestro presente. Valientes personajes entregaron su vida por un ideal y su sangre aún permanece fundida en las calles de Morelia. La Plaza de Armas o también llamada de los Mártires es un manifiesto de nuestros orígenes y enriquece su extensión con la esencia de héroes históricos. En ese agraciado lugar, con la libertad forjada fueron fusilados por manos extranjeras Mariano Matamoros y José Guadalupe de Saltos, personajes trascendentales para el movimiento de Independencia en los años de 1810/1815.

Valladolid (hoy Morelia), años atrás contaba con una plaza mayor, sin embargo esta fue dividida con la finalidad de construir la catedral entre los años 1640 y 1744, por este motivo, se sitúa por un lado la Plaza Melchor Ocampo y por otro la de los Mártires. Ambos lugares sirvieron de bodegas para recibir la cantera y la madera con la que fue edificada la catedral, el día de hoy son dos bellas zonas históricas.
La Plaza de Armas esta rodeada de importantes casonas con sublime herrería francesa, como los son el Palacio de Justicia, El hotel Virrey de Mendoza, La Casa de Juan de Dios Gómez, y en la parte oriente luce radiante la elegante Catedral.

Esta plaza tomó su forma actual a mediados del siglo pasado, en donde se plantaron árboles y fue remplazada la estatua de Morelos por un kiosco que alberga grupos musicales encargados de amenizar las tardes “domingueras” con tradicionales melodías. Los asientos de cantera, ensombrecidas por jacarandas y las palomas revoloteando engalanan el panorama en donde se encuentra la placa conmemorativa de la inclusión del Centro Histórico de Morelia en la lista del Patrimonio Cultural Mundial de la UNESCO.

Ahora la plaza se ha convertido en unos de los lugares mas afables de nuestra ciudad, ahí desde muy temprana hora acoge a señoras que disfrutan de una caminata después de ir a misa, a estudiantes que enamoran a sus novias, a algodones de azúcar que entusiasman la tripa golosa de algunos niños, a señores regordetes que leen el periódico y disimuladamente persiguen con la mirada a alguna atractiva mujer, así como a cientos de personas que se contagian de júbilo y armonía durante su estancia ahí.

Finalmente no nos queda más que decir que la Plaza de Armas le hace una cordial invitación para disfrutar un merecido descanso o una caminata llena de historia y tradición.

Ariadna P. Páez y Ahimé Ramirez