Antes de que nos olviden

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Redacción Morelia Invita 29/Mayo/2017

Gracias, Itzi, por hacerme “brincar sobre el mar”.

Los Caifanes volvieron a Morelia para avivar el espíritu. Con oficio, con lucidez, con esmero, con amor. Con arreglos directos y contundentes: más roqueros, aunque con una dimensión más atinada para sus entrañables atmósferas y florituras barrocas, muy especialmente las que renacieron de su teclado.

Se sintió que regresaron para refrendar los mensajes de sus canciones cuando resultan más urgentes y alentadoras para sus seguidores, cuando pareciera que los mexicanos no hemos dejado de hundirnos como “sombras en tiempos perdidos”, cuando se precisa, como expresó Saúl Hernández, que “no sólo pidamos un mejor Presidente sino que demostremos que somos una sociedad respetable”.

Y si los Caifanes están pasados de moda o si su público somos viejos o no, eso no importó. En esta noche, en la negritud coloreada del 27 de mayo del 2017, al menos por dos horas y media, participamos en un ritual por la eterna salvación de nuestras almas.

Y una tras otra las canciones extrajeron las imágenes poéticas de: resistencia, dignidad amorosa, encuentro interior, compenetración de pareja, autonomía, alteridad y conciencia social. La convocatoria tuvo eco desde el interior de las mentes y corazones de aquellos hombres y mujeres, de buena voluntad, dispuestos a conectarse más allá de los prejuicios y a reconocer, en este grupo, a unos de los más oportunos  exponentes de la sacralidad nacional.

Media Monumental no sólo lució pletórica de personas sino también de ánimos templados. Sí hubo teen spirit, sí se escucharon gritos apasionados; alguna fan -enfrentito de mi- quiso lucirse con desfiguros, hubo largos coros y hasta se agitó un poco de slam; por supuesto, “es sólo rocanrol” cantaron los Stones, pero… también se escucha.  Y  se trató de un concierto que se hizo escuchar y al que se le puso atención.

Y recurrentemente el rio lírico nos llevó a sondear éxitos que están en nuestras mentes sin que nos demos cuenta, hits que existen más allá de “mis tiempos” de Billboard, Telehit, o los 40 Principales. Sus canciones nos musitaron que existen conquistas personales que se graban en el acetato de la memoria, ahí donde los registros resuenan tan reales, tan claros, tan fantásticos, como campanas de pueblo a las seis de la tarde.

No hablaré de todos los músicos en particular, aunque diré que todos, absolutamente todos,  arribaron diestros y elegantes; incluso poderosos, como la extraordinaria repercusión de su batería. Y no digamos la circunscrita garganta de Saúl en un acto de heroísmo basado en la mesura de un tipo especial de cuerda vocal: la de la madurez.

Y hablando de producción, señoras y señores, no cabe duda de que hay alguien, al lado de estos “levantados” que posee un timming tan cabal como para ofrecer calidad en el espectáculo y mantener el estado de alerta en el público por dos horas y media, gracias, además, a un comando de más de 20 canciones bien formadas y arregladas, incluyendo Heroes, de David Bowie; tú me sabes bien cuidar, de Juan Gabriel, y la Negra Tomasa, esta última con una introducción prodigiosa en cuanto a su ejecución, y uno de los mejores ejemplos de la noche, de que estos canchanchanes, no sólo trascienden como rocanroleros sino también como músicos.

Volvieron por sus reales y no me refiero precisamente por dólares o fama. Se notó que regresaron para recrearse haciendo música en vivo y para volver a ser carnales entre ellos. Fueron evidentes sus juegos histriónicos; sus gestos de complicidad y cariño; la sorpresa, ante canciones del Nervio del Volcán, que ahora repicaron más que en su pretendido momento. Los Caifanes están de vuelta en el escenario y me late que lo hacen para encender una veladora -¡Amén!

Por: Netzahualcóyotl Ávalos Rosas