Jardín Villalongín

216

Por: Jorge Yturiel García Duarte
Una caminata tranquila el fin de semana por el Centro Histórico es una experiencia que conjuga todos los sentidos: la vista, con los hermosos edificios; el olfato y el gusto, por los diferentes antojitos que nos vamos encontrando; el tacto, por caminar tomados de la mano (si es el caso, claro!)  y el oído, cuando repican las campanas de las iglesias.  Uno de los tantos recorridos es el que anteriormente conocíamos como “salir a Maderear” (para los turistas: la calle que comprende este recorrido es la Av. Madero, de ahí lo de “Maderear”) que consistía en recorrer el tramo entre la Catedral y el inicio de la Calzada de San Diego, pero que además da la oportunidad de admirar la Fuente de las Tarascas y el Acueducto.

En este recorrido se llega a uno de los jardines favoritos de las quinceañeras, recién casados y universitarios recién egresados para tomarse la foto de su vida: el Jardín de Villalongín, que por el año 1788 inició su construcción cuando Fray Antonio de San Miguel compró un sitio frente a la capilla de las Ánimas (actualmente Templo de Lourdes) para construir una plaza y una pila que surtiera de agua a los habitantes de esos rumbos.

En la época colonial se le conocía como la Plaza de las Ánimas y poco más adelante sirvió como cárcel de mujeres. Aquí es donde inicia la historia del cambio de nombre a Jardín Villalongín. Resulta que las autoridades españolas habían tomado como rehén a la esposa de don Manuel Villalongín y la tenían prisionera con la finalidad de que depusiera las armas. Fue entonces que Don Manuel llegó a la ciudad y en un acto de valor y audacia rescató a su cónyuge. Entonces, en honor a este valeroso acto se le cambió el nombre a Jardín Villalongín.

Por cierto, en otro tiempo, este jardín contó con cuatro pequeñas fuentes en cada uno de sus ángulos por lo que la gente lo llamaba “El jardín de los cuatro oros”.

En cuanto a la fuente que se encuentra al centro del Jardín, también tiene su historia ya que es una de las más antiguas de Morelia, pues durante más de un siglo estuvo en el centro de la Plaza de Armas. En el año de 1889 durante la administración del General Mariano Jiménez fue trasladada a este jardín y se le colocó al centro la escultura de bronce que representa a la mitológica Diosa Flora, diosa de las flores y los jardines.

Una vez que se tomaron su fotos y “selfies” vale la pena continuar el recorrido por la Calzada  Fray Antonio de San Miguel, mejor conocida como la Calzada de San Diego y terminar admirando el interior del Santuario de Guadalupe (Templo de San Diego) de quién próximamente tendremos un reportaje.

Recuerden que pueden dejarnos sus comentarios directamente en nuestro Facebook o vía correo electrónico a cm@moreliainvita.com

Tomado de: www.mexicoescultura.com www.morelianas.com                                              www.cambiodemichoacan.com.mx www.turismo.morelia.gob.mx